Caputo compartió con Banga la situación delicada que enfrenta Argentina, con una inmensa deuda pública y privada que debe ser saldada en 2026, en un contexto donde el riesgo país se mantenía alto y el Banco Central tenía limitaciones para acumular reservas.
En ese momento, el Gobierno observaba cómo el flujo de dólares se evaporaba debido al turismo y las importaciones, creando una dinámica que llevó a Argentina a incumplir con las metas de reservas acordadas con el FMI y a estar muy cerca de las exigencias del mercado financiero.
Para conseguir los millones necesarios para hacer frente a la deuda privada, las tasas de interés rondaban el 11 por ciento, un precio elevado en el contexto actual.
Ante esta situación, el ministro de Economía se planteó dos posibilidades para abordar los pagos de la deuda externa, ambas sustentadas en una misma estrategia geopolítica. La administración de Donald Trump había identificado a Javier Milei como su aliado estratégico en América Latina, un vínculo que facilitó la renegociación con el FMI, que decidió otorgar un desembolso adicional de 20.000 millones de dólares.
Con la presión de la deuda a vencer en 2026, Caputo consideró la creación de un club de bancos que podrían utilizar esos 20.000 millones de dólares proporcionados por el Tesoro estadounidense para saldar la deuda con los bonistas, así como establecer un mecanismo de garantías multilaterales a través del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la CAF.
Estas opciones no eran excluyentes, sino que se estaban explorando de forma simultánea. Caputo intensificó las conversaciones con Banga, contó con el respaldo de Kristalina Georgieva y encontró el apoyo de Ilan Goldfajn, presidente del BID, quien no planteó obstáculos políticos.
Con la victoria de Milei en las elecciones intermedias y su recepción en la Casa Blanca, el club de bancos respaldado por el Tesoro dio un paso al costado, ya que Caputo se negaba a aceptar tasas de interés del mercado.
En una serie de reuniones en el Quinto Piso de Economía, Caputo sumó a su equipo técnico y discutió las opciones con Santiago Bausili, presidente del Banco Central, y José Luis Daza, viceministro de Economía. La propuesta comenzó a tomar forma bajo el apoyo de Milei.
Todo se organizó entre la Casa Blanca, el FMI, el Banco Mundial y el BID. Mientras tanto, las reservas del Banco Central empezaron a aumentar, el tipo de cambio se estabilizaba y las negociaciones en Washington avanzaban para lograr la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas.
Días antes del inicio de las Sesiones de Primavera del Fondo, Caputo recibió la confirmación por parte de Banga y el BID. A menos que un evento imprevisto surgiera debido al conflicto en Medio Oriente, Argentina contaría con un respaldo total de 2.550 millones de dólares, de los cuales 2.000 millones serían aportados por el Banco Mundial.









