La SLV estableció que la estrategia de vacunación en respuesta al terremoto debe enfocarse en cuatro metas clave: proporcionar profilaxis antitetánica a quienes sufrieron heridas, recuperar los esquemas de vacunación rutinarios para niños, adolescentes y adultos, minimizar el riesgo de brotes de sarampión, poliomielitis o difteria mediante la identificación de individuos susceptibles, y proteger al personal de salud y equipos de rescate para asegurar que los servicios esenciales permanezcan operativos. La organización subrayó que todas estas acciones deben ser coordinadas bajo la dirección del Ministerio del Poder Popular para la Salud de Venezuela, en colaboración con las autoridades locales y actores humanitarios que estén en la zona.
Uno de los aspectos más destacados del comunicado es la necesidad de prevenir el tétanos. Las heridas causadas por escombros o metales, que podrían estar contaminadas, requieren limpieza urgente y administración de profilaxis antitetánica, sin que la falta de historial de vacunación retrase la asistencia. La SLV instó a incorporar la evaluación del estado antitetánico en todo triage de lesiones y no demorar el desbridamiento ni la vacunación mientras se analiza la disponibilidad de la inmunoglobulina, sugiriendo activar mecanismos de redistribución entre instituciones o remitir a centros designados de inmediato.
El texto introduce un concepto crucial para la situación de emergencia: la vacunación presuntiva. Cuando no se puede verificar rápidamente el estado de vacunación de una persona, la recomendación internacional es tratarla como potencialmente no inmunizada y administrarle las vacunas necesarias según la edad y el riesgo epidemiológico, en lugar de esperar los registros o carnés. Según la SLV, este enfoque evita la pérdida de oportunidades de inmunización y se considera una de las intervenciones más costo-efectivas para prevenir brotes en poblaciones desplazadas. En este contexto, se priorizan las vacunas contra el sarampión y la rubéola, así como las dosis pendientes de poliomielitis, difteria-tétanos-tosferina, Haemophilus influenzae tipo b, hepatitis B, neumococo y rotavirus, completando los esquemas interrumpidos sin reiniciarlos.
El comunicado también señala los grupos que deben ser el foco de los esfuerzos de vacunación: individuos con heridas traumáticas, niños y adolescentes con esquemas de vacunación interrumpidos, grupos de mayor edad, mujeres embarazadas, pacientes con enfermedades crónicas o inmunosuprimidos, y aquellos que residen en albergues, además de trabajadores de la salud, rescatistas y voluntarios expuestos a riesgos laborales.
La SLV propuso un marco para decisiones rápidas en el terreno, que incluye la evaluación de la necesidad clínica inmediata, la verificación de condiciones seguras para la vacunación, y la revisión de los esquemas de rutina de cada persona, considerando riesgos epidemiológicos específicos antes de la administración de vacunas como hepatitis A, cólera, meningococo o fiebre amarilla.
La organización fue categórica en distinguir entre las vacunas prioritarias y aquellas que solo deben considerarse en contextos epidemiológicos específicos. Por ejemplo, la vacuna contra la fiebre amarilla no debe aplicarse de manera masiva en Caracas y La Guaira sin evidencia de transmisión local, reservándose para quienes se dirijan a áreas de riesgo. Una dinámica similar se aplica a la vacuna contra el cólera, cuyo uso solo se justifica ante casos confirmados de transmisión o una amenaza concreta de brote, así como al meningococo y el chikungunya, que requieren decisiones fundamentadas en el brote y no en un enfoque preventivo generalizado. Para la rabia, la SLV destacó que toda mordedura o rasguño debe ser limpiado de inmediato y evaluado clínicamente; en caso de exposiciones severas, la vacunación no debe ser demorada mientras se gestiona la inmunoglobulina necesaria.
Además de la profilaxis antitetánica y la recuperación de esquemas, la SLV subrayó la importancia de priorizar la vacunación antigripal en refugios, espacios colectivos y comunidades aisladas, así como para el personal de salud y de respuesta, como parte de la prevención de brotes respiratorios en situaciones de hacinamiento. También recomendaron mantener la campaña de vacunación contra la COVID-19 en individuos de alto riesgo y completar los esquemas de hepatitis B en quienes no han sido vacunados, evitando el uso indiscriminado de la vacuna antineumocócica fuera de sus indicaciones.
Se planteó una respuesta organizada en fases. Durante las primeras 72 horas, es prioritario designar un punto focal de inmunización, evaluar rápidamente el estado de las vacunas, inmunoglobulinas y cadena de frío, identificar refugios y establecimientos operativos, e integrar la profilaxis antitetánica en el triage, asegurando un registro mínimo de emergencias para mantener la trazabilidad de cada persona atendida. Entre el tercer y el vigésimo octavo día, la respuesta debe ampliar el reinicio de la vacunación rutinaria, establecer brigadas móviles en áreas de difícil acceso y recuperar los esquemas de vacunación de sarampión-rubéola, polio y difteria-tétanos-tosferina, además de sostener la vacunación antigripal. En la fase de recuperación, el objetivo se centra en completar los esquemas atrasados, reconstruir los registros de vacunación perdidos y reponer los equipos necesarios de cadena de frío, además de fortalecer a mediano plazo una red de inmunización más resistente que la que existía antes del sismo.
Para la SLV, ninguna dosis de vacuna puede cumplir su propósito si no se administra a tiempo, se conserva en condiciones adecuadas y se registra correctamente. Por ello, sugirieron implementar una Tarjeta de Vacunación de Emergencia individual, validada por el Programa Ampliado de Inmunización, junto con listados nominales en cada albergue o brigada móvil, que permitan consolidar información diaria y remitirla a las autoridades de salud regionales. Esta herramienta, aclararon, no pretende reemplazar los registros oficiales, sino sostener la continuidad de la atención mientras se reconstruyen los sistemas de información afectados por el terremoto.
Finalmente, la SLV concluyó su comunicado solicitando a organismos multilaterales, gobiernos, sociedades científicas y donantes que movilicen recursos técnicos y financieros para asegurar la disponibilidad de vacunas, inmunoglobulinas, insumos y medios de almacenamiento adecuados. Reiteraron que este apoyo debe articularse con los mecanismos activados por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, las cuales han solicitado 23,9 millones de dólares para respaldar la respuesta sanitaria en Venezuela durante los próximos seis meses. La organización enfatizó que la cooperación internacional debe fortalecer y no reemplazar la red de vacunación, vigilancia y atención primaria en el país, evitando campañas paralelas o donaciones no coordinadas que pudieran fragmentar la respuesta o sobrecargar a los equipos locales.









