Desde la última carrera en Argentina, que tuvo lugar el 12 de abril de 1998 con la victoria de Michael Schumacher al volante de una Ferrari, Brasil se ha consolidado como el foco del automovilismo sudamericano. Desde 1973, el país ha celebrado carreras puntuables de manera continua, salvo en 2020 a raíz de la pandemia de COVID-19. En ese escenario, Adler apareció para asegurar la continuidad del evento tras la salida del promotor Tamas Rohonyi. Durante 36 años, el Autódromo José Carlos Pace de Interlagos se ha convertido en la única sede brasileña, luego de compartir su historia con el extinto Autódromo Jacarepaguá de Río de Janeiro entre 1973 y 1980. Este icónico circuito estuvo fuera de acción durante una década, pero tras mejoras recomendadas por Ayrton Senna, reabrió sus puertas a la Fórmula 1 en 1990.
Adler mencionó que “inmediatamente después de que termina el Gran Premio, hacemos una reunión de balance en la que analizamos todos los puntos fuertes, positivos y negativos, y ya empezamos a trabajar en la planificación para el próximo año, pensando qué podemos mejorar, qué salió bien, qué salió mal”. A partir de este análisis inicia la preparación, y el 10 de noviembre de 2025 comenzó el trabajo para el Gran Premio de este año, que tendrá lugar del 6 al 8 de noviembre.
Un aspecto esencial es la infraestructura. La empresa de Adler colabora estrechamente con el gobierno de San Pablo, que financia la mayor parte del evento, lo que llevó a que, desde 2021, el Gran Premio lleve el nombre de la capital paulista. “Se construyeron nuevas tribunas llamadas París; fue un proyecto de dos años y medio hasta hacerlo realidad. Hay ciertos aspectos de infraestructura que requieren una planificación más extensa, grandes obras, y otros que son más temporales, como software, seguridad, tránsito y logística”, explicó.
Respecto al financiamiento del evento, Adler indicó que el modelo global utilizado por la F1 establece que la ciudad, el estado o el país anfitrión debe abonar una tarifa a Formula One Management (FOM), que gestiona los derechos comerciales. “Nosotros, como promotores, tenemos que montar todas estas estructuras gigantes y estamos a cargo de la venta de entradas para cubrir las inversiones”, detalló.
En cuanto al costo de las entradas para el Gran Premio de San Pablo, el sitio oficial de la F1 señala que los sectores más económicos están disponibles a partir de 850 dólares, mientras que un lugar premium puede costar hasta 2.700 dólares. Estos valores son para los tres días de actividades, y las entradas se venden rápidamente, con precios iniciales de 500 dólares para el fin de semana.
Adler prefirió no revelar el monto de la tarifa que San Pablo paga a la FOM por ser sede del evento. “No hablamos de valores”, respondió ante la consulta. Sin embargo, se supo que, dado su estatus histórico, los promotores y el Estado de San Pablo asumirían un canon anual de aproximadamente 25 millones de dólares. En comparación, Buenos Aires tendría un costo entre 35 y 40 millones de dólares anuales, también en un contrato por cinco años.
Al ser consultado sobre el acuerdo contractual entre la ciudad y la F1, Adler confirmó que el contrato vigente se extiende hasta 2030 y que no hay una fecha definida para una posible renovación. “En 2025 renovamos hasta 2030. La charla para extender el vínculo puede suceder en cualquier momento”, precisó.
Un evento de esta magnitud no debe considerarse un gasto, sino una inversión, en función de lo que genera una carrera de F1. Sobre el impacto económico de la carrera en la ciudad, Adler brindó cifras concretas: “El año pasado, 1.960 millones de reales (380 millones de dólares)”, aseguró. Este monto triplica los 125 millones de dólares ventilados en el último contrato firmado con la FOM por cinco años. Además, mencionó que “el evento produce 20 mil puestos de trabajo entre directos e indirectos”.
Adler también comentó sobre el contexto regional del Gran Premio de San Pablo, caracterizado por el interés de otras ciudades sudamericanas en sumarse al calendario de la F1, como Buenos Aires, que está realizando reformas en el Autódromo Oscar y Juan Gálvez. “Sé que Buenos Aires está renovando el autódromo y muchas ciudades desean tener la F1; es un producto maravilloso y existe esa tradición en Argentina, que ya tuvo la carrera”, afirmó. Cuando fue preguntado sobre la posibilidad de que Argentina recupere la F1, respondió que “creo que sería muy positivo para el automovilismo en la región sudamericana; es saludable”.
Referente a la presencia de una significativa cantidad de argentinos en el Gran Premio de San Pablo, Adler confirmó que esto es habitual. “Vienen muchos argentinos”, dijo, destacando las similitudes en la pasión del público de ambos países. “Los argentinos son como los brasileños, apasionados. Es muy bueno”, subrayó.
Respecto a la competencia de otros países como los del Medio Oriente o Estados Unidos, que ofrecen condiciones económicas atractivas, Adler enfatizó que este tema no cae bajo su responsabilidad como promotor local. “Eso no es una pregunta para mí, es para la Fórmula 1. San Pablo fue elegida por la F1; nosotros promovemos el evento”, afirmó. No obstante, destacó la importancia de que América del Sur esté presente en el calendario global: “Para que sea un mundial, debe abarcar prácticamente todos los continentes”.
El promotor consideró que la participación de América del Sur es crucial para lograr un calendario equilibrado. “No tiene sentido concentrar las carreras en pocos continentes”, argumentó.
Adler, de 62 años, es un ex atleta olímpico que representó a su país en vela y participó en tres Juegos Olímpicos. También se enfocó en otros negocios después de trabajar durante 14 años en la industria automotriz familiar. Se convirtió en promotor y ha estado vinculado a múltiples grandes eventos deportivos, incluyendo la UFC y la NBA. Además, es promotor del MotoGP en Brasil, que este año volvió a realizarse en Goiania.
En dos meses, el Gran Premio retornará a la capital paulista y el circuito de Interlagos se preparará para recibirlo. A pesar de los recursos económicos que provienen de las sedes de Medio Oriente y la expansión de Estados Unidos con tres fechas, Brasil sigue siendo, por el momento, la única sede sudamericana. Sus promotores privados y el Estado han logrado mantener el evento durante más de 50 años, una experiencia que Argentina debería considerar en su afán por recuperar la competencia.









