Los investigadores intentaron localizar a Susan, de 43 años y originaria de Santiago. Sin embargo, la búsqueda fue infructuosa, ya que se trataba de un vuelo de medianoche y la oficina de Air France ya había cerrado. Finalmente, Susan se presentó con su pasaporte y su tarjeta de embarque. Era una simple pasajera en tránsito, aparentemente sin antecedentes penales en Argentina. Llevaba consigo un sobre con poco más de mil dólares y algunos pesos chilenos. A continuación, procedieron a abrir su valija.
Entre sus prendas de vestir se encontraron once paquetitos que, tras el análisis, resultaron ser cocaína, aunque no de cualquier tipo. Los análisis realizados por el Departamento Pericial Químico de Prefectura confirmaron que era la droga de mayor pureza encontrada por las autoridades argentinas en tiempos recientes, con un 94% de pureza. Las fuentes relacionadas con el caso coinciden en que el potencial de estiramiento de esta cantidad es considerable.
De esta manera, Susan fue detenida en Argentina. El 4 de mayo, aceptó culpabilidad y llegó a un acuerdo con su defensora oficial para una pena de cuatro años y seis meses ante el Tribunal en lo Penal Económico N°1, presidido por la jueza Sabrina Namer, convirtiéndose en otra mula que terminó pagando las consecuencias. Si bien se logró una condena, el verdadero responsable de la droga no fue siquiera mencionado durante el juicio.
Este incidente pone de manifiesto una problemática recurrente en las investigaciones de contrabando de drogas, donde la conexión con el verdadero cerebro detrás de la operación a menudo se pierde en los detalles. Por lo general, la interrogante gira en torno a quién organiza el envío y cómo se vincula con el destino final. Con el fin de aclarar esta cuestión, la PROCUNAR, la unidad de la Procuración dedicada a los delitos relacionados con el narcotráfico, ha intensificado las entregas controladas en el exterior de envíos de drogas localizados en Argentina. En el último mes, se han llevado a cabo cinco operativos en ciudades como Londres, París y Barcelona. Hasta el momento, la PROCUNAR no ha establecido comunicación con las autoridades chinas para abordar esta problemática.
Un investigador de alto nivel en el tema señala: “En cuanto a las entregas vigiladas, el interés por parte del país receptor siempre es un factor determinante. Muchas de estas operaciones son gestionadas a través de la dark web y redes sociales. Se manejan cantidades pequeñas, pero hay numerosas transacciones”.
Mientras tanto, una fracción del narcotráfico argentino, que oculta sus drogas en maletas y encomiendas, observa con atención el mercado asiático, buscando eludir los controles del gobierno de Xi Jinping y obtener enormes ganancias.
El riesgo parece justificable. Un kilogramo de cocaína que en Bolivia se vende a 3,500 dólares o a unos 12,000 en el Conurbano bonaerense puede multiplicarse más de diez veces en el extranjero.









