Cuando ya parecía que los ámbitos del fútbol estaban copados por el comercio, surge esta iniciativa que no es más que una estrategia para generar minutos de publicidad en televisión, presentándola como un cuidado de la salud de los futbolistas. Nos hacen ver como ingenuos. Resulta agotador observar a los íconos de la Scaloneta en los espacios publicitarios, promocionando desde combustibles hasta apuestas. Es solo cuestión de tiempo para que alguien ofrezca el gadget para que el dispositivo funcione. Y ahora, se suma la pausa de hidratación.
Es un hecho que el juego ha cambiado: ya no son dos tiempos de 45 minutos, sino cuatro cuartos que van de 22 a 24 minutos, a los que se añaden los tiempos de prórroga. Esto nos muestra una clara influencia de la NBA. No sorprendería que en algún momento alguien decida adaptar el fútbol al polo, dividiéndolo en chukkers.
Los beneficiarios parecen ser los entrenadores, quienes aprovechan esas interrupciones para ajustar tácticas e instrucciones. Es bastante curioso cómo las transmisiones suelen captar estos momentos, capturando las indicaciones del técnico a su equipo. ¿Acaso los jugadores podrán concentrarse en medio de lo que se denomina “pulsación a 120”, mientras beben agua de botellas plásticas etiquetadas?
Resulta peculiar que estas pausas se implementen incluso en condiciones climáticas moderadas, como temperaturas por debajo de los 20 grados centígrados. ¿Realmente es necesaria la hidratación en tales circunstancias? Recordemos que en 1982, el brasileño Sócrates se opuso a la FIFA por los horarios de los partidos, que se jugaban a pleno sol en España. En 1986, Maradona también protestó cuando los partidos se programaron al mediodía en México, donde la intensidad del sol es innegable.
La necesidad de estas pausas llama al debate. ¿Es posible que un atleta, entrenado para rendir en condiciones extremas, necesite un simple chorrito de agua para continuar? ¿Acaso un jugador africano, acostumbrado a climas desérticos o a la densa jungla, requiera refrescarse tan temprano en el juego?
Sería interesante imaginar cómo habría sido si esta medida se hubiese adoptado en los años de la Notti Magiche de 1990; quizás los jugadores habrían ofrecido agua a sus rivales en bidones con marcas de ansiolíticos marcadas en ellos.
En resumen, esperemos que para el siguiente Mundial, quienes asesoran a Infantino encuentren otra estrategia comercial. Roguemos para que el fútbol mantenga su esencia. Ahora, me voy a refrescar, ya que aquí la temperatura es de 12 grados, y un vaso de agua siempre es bien recibido.









