En 2008, un grupo de investigadores de la Lukuru Wildlife Research Foundation detectó a un mono extraño en las copas de los árboles de una selva tropical que ahora forma parte del Parque Nacional Lomami en el Congo. No obstante, la imagen tomada en ese momento resultó ser poco clara.
“Dado que la foto no era nítida, no recibió atención alguna”, comentó Junior D. Amboko, estudiante de doctorado en la Florida Atlantic University y autor de un estudio publicado en la revista PLOS One donde se detalla la nueva especie.
Diez años después, el enigmático mono fue avistado con más claridad. Un segundo equipo de investigación logró fotografiar a un primate de tamaño mediano, con pelaje desaliñado y un distintivo parche naranja alrededor de su nariz y boca. Estas imágenes fueron compartidas con el señor Amboko y John Hart, director científico de la Lukuru Wildlife Research Foundation, quienes confirmaron que el mono no coincidía con ninguna especie conocida en la región.
A partir de esto, se inició un proyecto, en parte financiado por la National Geographic Society, destinado a buscar a este singular primate. Entre 2018 y 2022, los investigadores exploraron el Parque Nacional Lomami y sus alrededores, escaneando las copas de los árboles, grabando los sonidos de los monos al amanecer y realizando entrevistas en 52 aldeas vecinas. En ocho de ellas, los habitantes identificaron al mono de labios naranjas, a quien la comunidad Balanga nombró Likweli.
Se descubrió que el Likweli se encuentra restringido a una pequeña área en el noreste del Congo, en un fragmento de bosque cuyo tamaño es aproximadamente la mitad del de Rhode Island. Esta limitada distribución puede explicar la escasa familiaridad que tiene la población local con el primate, afirmó el señor Amboko. “Además, son algo tímidos”, añadió.
Los científicos aún no conocen la población exacta del mono de labios naranjas, pero las observaciones de campo revelaron que este primate tiene pulgares diminutos, lo que sugiere que forma parte de un grupo social de monos folívoros conocidos como colobinos. Con un peso de aproximadamente 6,8 kilogramos, un Likweli adulto es más ligero que otros colobos y se comunica emitiendo un canto similar al croar de una rana.
Para confirmar que el Likweli es una especie nueva, fue necesario realizar un análisis en laboratorio. Los guardaparques del Parque Nacional Lomami confiscaron tres primates —dos hembras y un macho— a cazadores, y los investigadores los utilizaron para realizar un estudio exhaustivo de su morfología, estructura ósea y ADN.
Kate Detwiler, profesora asociada de biología en la Florida Atlantic University y coautora del estudio, lideró el análisis genético. Ella y su equipo determinaron que el Likweli se separó de su pariente más cercano hace entre cuatro y cinco millones de años, lo que indica una evolución independiente desde entonces. “Nos sorprendió mucho la profundidad de esa divergencia”, destacó la doctora Detwiler.
La combinación de variaciones físicas y genéticas llevó a los investigadores a catalogarlo formalmente como una nueva especie, denominada Colobus congoensis.
El Likweli se suma a una lista restringida de monos africanos descritos desde 1951, entre los que se incluyen el mangabey de tierras altas, conocido por su “ladrido de bocina”; el mono de cola solar, por la punta dorada de su cola; y el lesula, que presenta machos con nalgas y testículos de un intenso color azul.
“Este hallazgo es de gran importancia”, manifestó Joshua Linder, cofundador y presidente de Forest Collective, una organización dedicada a la conservación que no participó en el estudio. “Descubrir un primate de tamaño considerable que nunca habíamos visto es realmente sorprendente”.
El estudio presenta al Likweli al mundo fuera del Congo, pero los investigadores sugieren que la especie debería ser catalogada como en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Argumentan que el mono es un blanco para cazadores y que los bosques que habita están amenazados por la destrucción.
Para la doctora Detwiler, este descubrimiento resalta la necesidad urgente de conservar la selva tropical del Congo y de investigar la vida silvestre que allí reside. “Es un mensaje revelador que esta área de la cuenca del Congo sea realmente diversa”, concluyó. “Necesita atención”.









