Argentina no solo se consagró campeona mundial por tercera vez, sino que también venció al equipo más dominante del hockey femenino de la última década. La Selección demostró que, con dedicación y pasión, es posible superar cualquier obstáculo. Es innegable mencionar los problemas que enfrenta el hockey en el país, como la falta de infraestructura y la inminente renovación de la carpeta sintética del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, que debería cambiarse antes de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Este terreno solo fue utilizado por las Leonas, mientras que los Leones se prepararon en San Fernando, ya que las autoridades debieron limpiar la cancha en dos ocasiones. Este escenario contrasta con el de Países Bajos, donde la cancha del Mundial fue instalada meses antes del evento y será reemplazada próximamente por una nueva.
Las Leonas se consagraron campeonas de forma justa, ya que en la final demostraron ser superiores a las neerlandesas y, a lo largo del torneo, mostraron un crecimiento notable. Desde el inicio del partido decisivo, dirigido por Fernando Ferrara, las jugadoras asumieron el control del juego y defendieron con solidez, evitando dejar espacios vacíos. Los ataques se centraron en las bandas para sortear la sólida línea de volantes adversaria, lo que les permitió recuperar la posesión de la bocha.
Apenas 47 segundos antes del descanso, Yibbi Jansen anotó un gol de córner corto, el único error de Cosentino en el partido. Sin embargo, esto no afectó el ánimo de las argentinas, que en la segunda mitad dominaron a las neerlandesas con intensidad y concentración. Las Leonas lograron siete cortos, frente a solo tres del rival, y María José Granatto marcó el empate tras un rebote en el área. Los penales definitivos vieron a Cosentino lucirse al detener dos intentos, mientras que Sofía Cairó, la figura argentina del Mundial, volvió a acertar, como lo hizo en el partido por el bronce olímpico.
Un punto de inflexión para este equipo se produjo el pasado 10 de diciembre, cuando sufrieron una abultada derrota ante Países Bajos en la Liga Pro. A partir de ese momento, el equipo experimentó un crecimiento tanto individual como colectivo, que culminó en este nuevo título. La Argentina actual se adapta al hockey moderno, caracterizado por su rapidez y físico, con jugadoras que sobresalen en su preparación. La estrategia de juego a cargo de Gorzelany se ha consolidado, destacándose entre las mejores del mundo. Aunque difiera en individualidades con las generaciones pasadas, este equipo mantiene la pasión, garra y compromiso que siempre lo identificaron. La versión 2026, si bien carece de algunas estrellas del pasado, compensa con su juego colectivo y una intensa presión defensiva, logrando anular a un Países Bajos que buscaba su cuarto título consecutivo.
El campeón mundial de Perth contó con una defensora como Cecilia Rognoni, quien era casi impenetrable, y una joven Soledad García que se unió a Masotta en el ataque, a pesar de la ausencia de Vanina Oneto por lesión. El esfuerzo de Antoniska en el arco, sumado a las contribuciones de Magdalena Aicega y Mercedes Margalot en defensa y Ayelén Stepnik en el mediocampo, fue invaluable. Asimismo, Lucha Aymar, considerada la mejor jugadora de la historia, brilló al punto de ovacionarse en la semifinal contra Australia, que Argentina ganó 1-0.
Ocho años más tarde, en Rosario, el mundo presenció a un equipo argentino en su máxima expresión. Ganaron todo lo que jugaron, solo les marcaron tres goles en todo el torneo y demostraron una combinación perfecta de experiencia y juventud. El dúo veloz de Carla Rebecchi y Delfina Merino se fusionó con la calidad técnica de García y el talento de Aymar para llevar el ataque. Además, la defensa fue sólida, confiando en Silvina D’Elía, Claudia Burkart y Noel Barrionuevo, acompañadas por volantes de primer nivel como Mariela Scarone y Mariana Rossi.
Aunque difícil de comparar, las Leonas bajo el mando de Ferrara han mejorado su sistema defensivo y, a pesar de las limitaciones en el ataque, se destacaron en el partido más crucial. Las atajadas de Cosentino, la seguridad de Toccalino y Castellaro en defensa, el corto de Gorzelany y la creatividad de Granatto y Díaz en el ataque fueron clave. A pesar de que la versión actual de Países Bajos es un adversario formidable, Argentina logró imponerse, vislumbrando un futuro prometedor con diez debutantes en el Mundial. En estos momentos decisivos, cada jugadora dejó su huella, culminando en un abrazo glorioso entre las 18 Leonas, un momento que quedará grabado para siempre.









