Desde el fin de la convertibilidad, solo en 2015 se registró un Tipo de Cambio Real Multilateral inferior al de 2026, mientras que 2017 también se destacó por un “atraso” cambiario. En 2017, el déficit de la cuenta corriente alcanzó cerca del 5% del Producto Bruto Interno (PBI), y en 2015 rondó el 3%.
En contraposición, la proyección de la Fundación Mediterránea para 2026 estima que el saldo negativo será apenas del 0,8% del PBI. “Los déficits de cuenta corriente de 2010 y 2011 fueron similares al esperado para 2026, pero con un tipo de cambio mucho más devaluado en esos años”, destacó el economista Jorge Vasconcelos en un análisis realizado para el IERAL, instituto de investigación de la fundación.
En su estudio, Vasconcelos comparó el contexto de 2026 con el de 2017 y destacó cuatro factores que explican por qué el déficit de dólares es hoy notablemente menor, a pesar de que el precio real de la moneda en ambos períodos es comparable.
En primer lugar, los términos de intercambio actuales son un 17% más elevados que los de 2017. Esto significa que los precios internacionales son más favorables para el comercio exterior de Argentina.
Las otras dos razones principales señaladas por Vasconcelos son el ajuste del gasto público, que se redujo en 10 puntos porcentuales del PBI, y el aumento del peso de las exportaciones sobre el producto, que pasó del 11,2% al 17,3% entre 2017 y 2025. Esta mejora en la cantidad de exportaciones se ha visto reforzada especialmente en los últimos dos años, donde el volumen físico de ventas al exterior superó por primera vez el récord de 2011. Sin embargo, el crecimiento no ha sido uniforme entre los distintos sectores; productos primarios y manufacturas de origen agropecuario alcanzaron máximos históricos, mientras que las manufacturas de origen industrial se mantienen por debajo de los niveles alcanzados en 2011.
Por último, el IERAL destacó que los sectores que están impulsando el crecimiento económico desde la llegada de Javier Milei a la presidencia, incluyendo hidrocarburos, agroindustria y minería, requieren menos insumos del exterior en comparación con industrias que lideraron años anteriores de prosperidad económica. Desde el inicio del gobierno actual, la industria ha enfrentado una crisis significativa, evidenciada por la caída en las importaciones “asociadas a la producción”, de acuerdo a consultoras como Equilibra.
Al ser consultado, Emiliano Libman, investigador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) y de Fundar, sugirió que es razonable esperar que “si mejoran tus posibilidades de exportar, el tipo de cambio se aprecie”. No obstante, expresó cierta cautela al prever que este nivel del tipo de cambio real impacta otros aspectos de la balanza de pagos, como la balanza de servicios y la demanda de dólares para ahorro. “La actividad puede estar comenzando, pero no de forma contundente. Si la economía se recupera, se incrementarán las importaciones y la compra de dólares”, agregó.
Pedro Martínez Gerber, economista de la consultora PxQ, explicó que el equilibrio de las cuentas externas se debe, en gran medida, a la fuerte performance de las exportaciones del sector agrícola, el petróleo y la minería, junto con una dinámica de importaciones controlada en bienes de producción. “Esto explica lo que ocurre con la balanza comercial, incluso con un tipo de cambio real que, visto en términos históricos, parece apreciado, algo que también mencionó el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe de personal publicado recientemente”, detalló.
Frente a la limitada cantidad de reservas y las significativas obligaciones de deuda, el FMI sostiene que el precio del dólar está rezagado y subrayó que “un tipo de cambio más flexible será fundamental para absorber los shocks externos”. En este contexto, advierte que el incremento en la llegada de divisas de sectores como la energía y la minería podría causar la “enfermedad holandesa”, un fenómeno donde un ingreso masivo de dólares aprecia la moneda local y afecta la competitividad de otros sectores importantes, como la industria.
Además, Martínez Gerber resaltó la mejora en las exportaciones de servicios, especialmente tras la eliminación de restricciones al mercado cambiario y la normalización de la brecha cambiaria, junto con la liquidación de Obligaciones Negociables de empresas privadas. Sin embargo, subrayó que la demanda de dólares para ahorro continúa siendo alta, aunque ha disminuido respecto a los meses anteriores a las últimas elecciones legislativas.
“El nivel de tipo de cambio real no necesariamente desencadena una crisis de balanza de pagos”, afirmó. La posibilidad de que se desencadene una crisis depende de una variedad de variables que se deben monitorear, incluyendo la dinámica de la actividad económica, su efecto en las importaciones, la deuda privada, el acceso del sector público al financiamiento para sus obligaciones y el nivel de dolarización de carteras a medida que se aproximan las elecciones de 2027.
En conclusión, son evidentes las mejoras, tanto estructurales como circunstanciales, en la balanza de pagos en comparación con períodos anteriores con una apreciación cambiaria similar. Sin embargo, los riesgos de que este equilibrio se vea afectado siguen presentes, especialmente considerando la historia de Argentina con la moneda y los elevados vencimientos de deuda a futuro que limitan el desarrollo.









