Cabezas inició su trayectoria muy lejos de la Patagonia. Creció entre los campos familiares de Cañuelas y Pehuajó, donde viajaba desde Buenos Aires durante las vacaciones. A diferencia de otros niños que anhelaban parques de diversiones, su único deseo era volver al campo. “Iba solo al campo, a ningún otro lado, tampoco quería ir. Me hablaban de Disney y yo ni idea, porque no me interesaba”, rememora.
En la estancia La Agustina, en Cañuelas, cada interacción con los animales fue fundamental desde su infancia. “Mis amigos eran los caballos”, resume de manera contundente. Allí pudo aprender a montar, arrear ganado y adaptarse a la vida rural. “Nuestra imaginación con los primos giraba en torno a los animales, en especial a los caballos, y ahí entablé una afinidad, una relación muy estrecha”, explica.
La conexión que siente con ellos era tan intensa que prefería no hablar de ello en el colegio. “No lo hablaba con mis compañeras porque nadie me iba a entender que mi mejor amigo era un caballo”, menciona entre risas. Para ella, los caballos siempre fueron esenciales en su niñez. “Los caballos eran todo para mí. Sentía algo muy especial”, confiesa.
Su padre, dedicado a la ganadería, fue quien le inculcó esta pasión. “Mi padre fue el que me inculcó siempre el amor por los caballos y sobre todo el respeto. Me decía: ‘háblale al caballo’, y yo le hablaba”, recuerda.
Las caídas eran parte del proceso de aprendizaje. “Me he caído cientos de veces porque era muy chiquitita y no llegaba a apretar las piernas”, relata. Sin embargo, el miedo nunca la detuvo. “Si me caía enseguida me levantaba y volvía a montar”, comenta con seguridad.
A los ocho años, un accidente serio la mantuvo inmovilizada durante 40 días. A pesar de la gravedad de la situación, su preocupación era completamente diferente. “Se me voleó el caballo y caí de espalda sobre el piso de ladrillo de la bebida. Me fisuré la pelvis y lo primero que le pregunté al médico fue cuándo podía volver a andar a caballo”, recuerda con determinación.
Después de finalizar sus estudios en el colegio Northlands, comenzó su formación en Agronomía, aunque su trayectoria continuó íntimamente ligada a los caballos. Pasó un tiempo en Estados Unidos y luego en Inglaterra junto a su marido, aprovechando esos años para especializarse en el área ecuestre. “Siempre que pude estudiaba algo relacionado a los caballos”, resume. En St. Louis, Missouri, estudió Equine Science y, más tarde, en Inglaterra, se especializó en Techniques of Training.









