La iniciativa, que cuenta con el respaldo de la empresa chilena Beler S.A. y la firma singapurense International Nusantara Investment, tiene como objetivo desarrollar una moderna red ferroviaria que conecte Mendoza con Valparaíso, en Chile. El proyecto, conocido como Corredor Bioceánico Longotoma, incluye infraestructuras tanto para el transporte de pasajeros como de cargas, posicionándose como una alternativa logística que facilitaría la conexión entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay con los mercados asiáticos.
El aspecto central de esta obra es un túnel ferroviario de 54 kilómetros que conectará Uspallata con la ciudad chilena de Los Andes, permitiendo el cruce de la Cordillera durante todo el año sin la influencia de las condiciones climáticas que frecuentemente afectan el paso Cristo Redentor. Adicionalmente, se desarrollará una doble vía electrificada de 420 kilómetros destinada al transporte de pasajeros, carga y vehículos desde la zona de montaña hacia la costa del Pacífico.
El plan también abarca la creación de un centro modal de cargas en Longotoma y un puerto submarino de aguas profundas en La Ligua, concebido específicamente para la exportación de granos y otros productos de la región hacia los mercados asiático-pacíficos. Los encargados de la iniciativa sostienen que este corredor podría disminuir los costos logísticos y potenciar la competitividad de las exportaciones de la región.
Estudios realizados por el consorcio indican que Argentina y Brasil combinan exportaciones anuales que superan los 380 millones de toneladas de soja, maíz y trigo, mayormente dirigidas a China y otras naciones asiáticas. Se estima que el transporte de mercancías a través de Longotoma tendría un costo aproximado de 95 dólares por tonelada, lo que es más bajo que los costos asociados al Canal de Panamá y al puerto peruano de Chancay.
Este proyecto también incluye el uso de energías renovables y sistemas de valorización energética de residuos para satisfacer parte de la demanda operativa del complejo. En la actualidad, el plan se encuentra en una fase preliminar de evaluación, en búsqueda de apoyo institucional de ambos lados de la Cordillera. Los representantes del proyecto ya se han reunido con autoridades de la región chilena de Valparaíso para discutir la propuesta y explorar mecanismos que faciliten su aceleración.
Entre las estrategias que están considerando los promotores se encuentra la implementación del Tratado de Maipú, firmado en 2009 por los gobiernos de Argentina y Chile, que establece herramientas de cooperación para proyectos de infraestructura estratégicos. Según los impulsores, de obtener los permisos necesarios, la construcción del proyecto podría ser finalizada en un plazo estimado de entre tres y cuatro años.
La historia del Ferrocarril Trasandino se remonta al siglo XIX, comenzando su construcción en territorio argentino en 1872 y completándose con la inauguración del servicio el 5 de abril de 1910. Durante 74 años, el tren unió Mendoza con Los Andes en Chile a lo largo de aproximadamente 248 kilómetros, convirtiéndose en un elemento crucial para el transporte de personas y mercancías entre ambos países. En su apogeo, este vínculo ferroviario movilizaba a cientos de miles de viajeros y desempeñó un rol vital en la integración económica y turística de Argentina y Chile.
No obstante, el tramo internacional cesó sus operaciones en 1978 debido a tensiones diplomáticas relacionadas con el conflicto del Canal de Beagle, mientras que el servicio continuó del lado argentino hasta 1984, año en el cual se discontinuó de manera definitiva. Desde entonces, múltiples intentos han intentado restablecer la conexión ferroviaria a través de la Cordillera, aunque ninguno logró avanzar más allá de la fase de planificación. Ahora, casi medio siglo después, el Corredor Bioceánico Longotoma vuelve a presentar la posibilidad de que esta histórica ruta ferroviaria recupere su papel y vuelva a conectar a Argentina y Chile por tren.









