La oncóloga Lorena Lupinacci, jefa del área de Tórax e Investigación en el Hospital Italiano de Buenos Aires, detalló el perfil del paciente que debería someterse a una tomografía anual: fumadores y exfumadores de entre 55 y 74 años que hayan consumido al menos 30 paquetes de cigarrillos al año, incluyendo a aquellos que dejaron de fumar hace menos de 15 años.
Este consenso se basa en el estudio internacional NELSON y es respaldado por la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria. El protocolo indica que se debe usar tomografía computada de baja dosis, siendo positivo el resultado cuando se detecta un nódulo sólido de 6 milímetros o con un volumen superior a 113 milímetros cúbicos. Esta detección temprana facilita tratamientos más eficaces en comparación con aquellos que se inician en etapas más avanzadas.
La realidad actual es desalentadora: “Más de la mitad de los diagnósticos de cáncer de pulmón (53 por ciento) en Argentina se producen en un estado avanzado, cuando ya existe metástasis. A mayor avance del tumor, menor es la sobrevida del paciente”, aclara Lupinacci.
En América Latina, de cada 100 personas diagnosticadas con cáncer de pulmón, 81 fallecen, y el 80 por ciento de ellos son fumadores. En contraste, en países como Alemania, la tomografía anual de baja dosis se ha integrado como una estrategia de salud pública, al igual que en Estados Unidos, China, Taiwán, Corea del Sur, Croacia, Polonia y República Checa, según datos de la Fundación Europea del Pulmón.
En Argentina, la situación es diferente. “No existe una política a nivel poblacional para implementar este tipo de tamizaje. Se realiza de forma muy desigual en el sistema público. Además de disminuir el riesgo de muerte en un 25 por ciento en general, en mujeres esta reducción varía entre el 35 y el 60 por ciento”. En este sentido, el impacto positivo de la mamografía anual para la detección temprana del cáncer de mama se evidencia en una reducción de la incidencia del 1,7 por ciento anual en la última década.
Durante un reciente Foro de Oncología en Buenos Aires, se discutieron estas estadísticas y el impacto del tabaco en el cáncer de pulmón. Luis Suárez, líder regional en oncología de una reconocida farmacéutica, afirmó: “Si no existieran las tabacaleras, el cáncer de pulmón tendría una incidencia muy baja”.
Un aspecto preocupante es que, a pesar de que el consumo de tabaco en hombres disminuyó un 2,5 por ciento en los últimos años, ha crecido un 3,6 por ciento en mujeres. Guillermo Méndez, jefe de Oncología en el Hospital Udaondo, afirmó que uno de los caminos para mejorar esta situación es la educación de los médicos en prevención.
Un obstáculo significativo es que el médico clínico debería ser el primer contacto para ordenar una tomografía en casos de cáncer de pulmón y poder interpretarla, algo que no siempre se logra. En Alemania se ha implementado inteligencia artificial para ayudar en la detección.
Méndez, especialista en gastroenterología, también lucha por que sus pacientes realicen colonoscopías cuando están indicadas, pues “solo el 25 por ciento de las personas que deberían hacer el estudio realmente lo llevan a cabo”, y reconoce que la preparación requerida para el procedimiento desanima a muchos.
Lupinacci subraya que el gran desafío es avanzar hacia una política de tamizaje poblacional para el cáncer de pulmón: “No se trata solo del costo de la tomografía, sino de todo lo que implica una vez detectado el tumor”, concluyó, advirtiendo sobre los efectos a largo plazo de no actuar.









