Hay relatos que son trazados inesperadamente por el destino, a menudo con un toque de azar. Historias cuya conclusión es incierta, pero cuyos inicios invitan a imaginar apasionantes desarrollos. La trayectoria del misionero Ismael Flores es uno de esos casos. Cuando muy pocos conocían su historia y tras siete años de residir en Barcelona en busca de oportunidades que no pudo encontrar en Buenos Aires, como vivir del boxeo, el pasado 2 de mayo irrumpió en el ámbito boxístico internacional al vencer por decisión unánime al mexicano Isaac Lucero, lo que catapultó su nombre en el contexto mediático de Las Vegas. Desde ese instante, su mente no ha dejado de soñar. En silencio. Algunos han querido establecer comparaciones con la historia de Maravilla Martínez. Quizás por su llegada a España de manera discreta, por el inicio de su carrera boxística allí, por haber sido víctima de una estafa por parte de un antiguo entrenador que lo dejó en la calle, o por haber encontrado en un compatriota su nuevo hogar, así como por un notable triunfo en el T-Mobile Arena ante la atenta mirada de Oscar De La Hoya. Sin embargo, las experiencias pasadas y actuales de









