Hasta julio, el superávit comercial acumuló USD 13.923 millones. Sin embargo, de las 24 provincias, solo tres han visto un crecimiento en el número de trabajadores asalariados del sector privado: Neuquén, Río Negro y San Juan, regiones que son centros de producción de hidrocarburos y minerales. Esta realidad resalta la paradoja en la economía argentina de 2026: un aumento en las exportaciones que aporta divisas pero no se traduce en empleo.
Un análisis del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) califica esta situación como un “crecimiento desbalanceado”, caracterizado por una expansión sostenida en sectores de alta exportación que requieren poca mano de obra, en contraposición al estancamiento de las áreas que concentran la mayor parte del empleo.
Los datos del EMAE indican que, en el primer semestre, el comercio creció a un ritmo anual de 3,3%, la industria a un 2,6% y el transporte y las comunicaciones a un 1,9%. Estos incrementos no se reflejaron en la generación de nuevos empleos. Estas tres áreas, rezagadas en comparación con los sectores energéticos y de recursos naturales, representan el 34% del empleo total en el país.
Los sectores que impulsan el crecimiento, como hidrocarburos, minería metalífera y agroindustria, generan un alto valor por trabajador pero ofrecen pocos puestos por cada dólar exportado. La agroindustria emplea a 324.300 trabajadores formales, lo que equivale al 5,2% del empleo privado. En cuanto a la minería, con menos de 90.000 empleados, ambos sectores representan menos del 7% del total de trabajadores asalariados en el país, según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) difundidos por la Secretaría de Trabajo en junio.
El panorama en el sector minero es preocupante. La minería metalífera sumó 13.026 puestos en marzo, marcando un crecimiento interanual del 6,6%. Sin embargo, esta expansión es limitada, ya que solo 12 de las 59 empresas del sector concentran el 82% del empleo, cada una con un promedio de 891 trabajadores. Adicionalmente, el 90% de los fondos comprometidos bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) aún no han sido desembolsados, significando que el empleo actual en minería proviene en gran medida de operaciones consolidadas, muchas de las cuales están en fases de cierre o extensión de vida útil.
En el ámbito energético, YPF anticipa un crecimiento relevante, especialmente en el desarrollo de Vaca Muerta, que podría generar hasta 90.000 nuevos empleos para 2029, incluyendo puestos directos y aquellos relacionados con obras de infraestructura. El presidente y CEO de la firma, Horacio Marín, mencionó que se necesitarán alrededor de 40.000 trabajadores adicionales en el sector oil & gas en los próximos cuatro años.
Si bien estos datos son significativos, no solucionan el problema inmediato: actualmente, la cuenca neuquina cuenta con solo 30.000 trabajadores directos en el sector hidrocarburífero, cifra que contrasta con los ingresos millonarios que Vaca Muerta ya aporta al superávit comercial.
El caso de Chile se presenta como un antecedente intrigante para los economistas argentinos. A pesar de que el cobre representa en promedio el 10% del PIB chileno y superó el 56% de las exportaciones totales durante el auge de 2010-2011, el empleo directo en minería nunca ha superado el 3% del total de trabajadores en el país. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha documentado que el impacto del cobre en el empleo es limitado, con el sector funcionando como un “enclave” con su propia fuerza laboral, concentrada en el norte del país.
El Fondo Monetario Internacional (FMI), en un estudio de 2017, concluyó que los beneficios de la minería hacia la manufactura y la construcción son reducidos. La Argentina se enfrenta a un dilema similar: ¿cuánto de la riqueza generada por Vaca Muerta, los yacimientos cupríferos de San Juan y La Rioja, o los cultivos de soja en el centro del país, se traduce en empleo fuera de estos enclaves?
Ricardo Arriazu, economista cercano al presidente Javier Milei, abordó esta cuestión en un reciente webinar. Explicó que la apertura comercial podría debilitar a los sectores industriales, particularmente en el Gran Buenos Aires, mientras que las actividades vinculadas a los recursos naturales incrementan su participación.
Según Arriazu, este desplazamiento productivo no conlleva un movimiento de personas: “La gente no se mueve”, afirmó, señalando que este proceso tarda, lo cual plantea un desafío considerable.
Destacó que esta inercia demográfica podría derivar en “bolsones de descontento, desempleo y pobreza”, especialmente en las zonas de mayor tensión política. Desde el inicio de la administración de Milei, el sector agropecuario y pesquero ha sido uno de los pocos que ha experimentado un aumento en la plantilla de trabajadores, con 28.059 nuevos puestos registrados entre noviembre de 2023 y abril de 2026, un incremento del 8,3%. Sin embargo, esto representa menos del 10% de los empleos perdidos en otros sectores durante el mismo período. En general, el empleo privado registrado se redujo un 3,46%, con 341.396 puestos menos, según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA).
El informe de Ieral sugiere una posible salida, aunque no inmediata. Los sectores en auge, con un marcado sesgo exportador y limitada necesidad de importación, comienzan a justificar inversiones en infraestructura que han sido postergadas durante mucho tiempo. El Índice Construya ha reportado un crecimiento del 6,3% desde diciembre, y el sector de la construcción mostró un incremento anualizado del 25,3% en el primer semestre, la cifra más alta entre las distintas categorías, participando con el 9% del empleo total y teniendo una mayor capacidad de derrame territorial en comparación con minería o hidrocarburos.
Actualmente, empresas que invierten en Vaca Muerta han convocado a 800 proveedores locales. En Argentina, el costo del gas natural para las industrias es un tercio del precio en Francia o Alemania, y la mitad en comparación con Brasil o China, ofreciendo una ventaja competitiva que empieza a atraer a las industrias de fertilizantes y químicos. No obstante, la pregunta sigue siendo si estos efectos multiplicadores llegarán a tiempo para aliviar la presión sobre el mercado laboral en las regiones que aún no se benefician del boom exportador.









