La historia se inicia en Quilmes, donde Lee estableció una pequeña operación, contando con escasos vehículos y enfrentando el gran reto de conseguir que los consumidores conozcan y prueben una bebida que aún carecía de la popularidad que alcanzaría con los años.
A comienzos de la década del cuarenta, Norman Lee buscaba mejorar su situación financiera. La actividad principal de su vida era la cría de pollos, un negocio que atravesaba tiempos difíciles. En este contexto, se enteró de las intenciones de The Coca-Cola Company de expandir su incidencia en Argentina, pues la empresa necesitaba crear una red de distribución que llegara a más comercios y consumidores.
Lee decidió aprovechar esta oportunidad, enfocándose en el sur del Gran Buenos Aires, una región que conocía bien. No obstante, su juventud representaba un inconveniente para formalizar la operación. Según la historia de la empresa, las restricciones legales de la época para que personas menores de 25 años pudieran registrar empresas llevaron a que el negocio se constituyera a nombre de su padre, Reginald Lee.
Así nació Reginald Lee S.A., una firma que, con el tiempo, se convertiría en un socio destacado de Coca-Cola en el país, abocado a la distribución y el embotellado de sus productos.
Los primeros años de la empresa estaban lejos de la infraestructura moderna que caracteriza a la marca hoy. Las operaciones comenzaron en un depósito de Quilmes, desde donde se organizaban las tareas de preparación y distribución de las botellas. Durante esa etapa inicial, el producto se comercializaba en envases de vidrio de aproximadamente 185 centímetros cúbicos, y la firma contaba con una pequeña flota que recorría negocios y barrios del sur del conurbano bonaerense.
El reto no se limitaba a la distribución del producto; Lee también debía lograr que los consumidores conociesen y se sintieran motivados a probar la bebida. Para ello, implementó una estrategia que consistía en acercarse directamente a los comerciantes y ofrecer muestras gratuitas. En una época donde la publicidad carecía de las herramientas digitales actuales, el contacto personal se volvía fundamental para presentar la bebida y despertar la curiosidad de posibles clientes.
Esta iniciativa ayudó notablemente a que Coca-Cola comenzara a afianzarse en almacenes, bares y otros puntos de venta de la zona sur del Gran Buenos Aires. A medida que la operación crecía, también aumentaban las necesidades de expansión de las instalaciones y de la capacidad de distribución. Para finales de la década de 1950, la actividad había superado las dimensiones del depósito original de Quilmes.
La empresa llevó a cabo esta consolidación en Ranelagh, localidad del partido bonaerense de Berazategui, donde se desarrolló una de las plantas históricas vinculadas con la familia Lee. Con el paso del tiempo, el negocio familiar se consolidó como un actor relevante en la red de distribución y embotellado de Coca-Cola en el país.









