García Cuerva identificó la crítica situación social que afecta a gran parte de la población. Hizo mención a “un pueblo cansado de promesas incumplidas y de dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida”. Mientras las estadísticas corroboran el incremento del desempleo, el arzobispo porteño subrayó que existe “un pueblo que sigue creyendo que el trabajo es un derecho, que el trabajo es dignidad”. Para reforzar este mensaje, recordó que León XIV, quien visitará el país en noviembre, sostiene que “la ayuda más importante para una persona es promoverla a tener un buen trabajo, para que pueda ganarse una vida más acorde a su dignidad, desarrollando sus capacidades y ofreciendo su esfuerzo personal”.
Además, García Cuerva se refirió a las repercusiones de la política económica del gobierno libertario. Alertó que hay un pueblo “que no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias”. Añadió que este mismo pueblo, “creyente con la fe heredada de los abuelos (…) sabe que la responsabilidad y la solución concreta a los problemas económicos y sociales la tiene una clase dirigente que a veces parece mirar para otro lado y pone toda la energía en descalificaciones y debates estériles que no resuelven nada”. Este comentario no solo resalta lo que se puede entender como “sabiduría popular”, sino que también critica la insensibilidad de parte de la dirigencia y las disputas sin sentido.
Asimismo, el arzobispo expresó una reflexión, inspirada en una cita del papa León, que puede interpretarse como una crítica a un pilar de la política económica oficial: “La libertad económica no puede ser absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y la dignidad de cada persona”.
García Cuerva se unió a las plegarias de los fieles en San Cayetano, pidiendo que en el país “se multiplique el diálogo, se multiplique la búsqueda de consensos, se multipliquen las oportunidades laborales de los jóvenes, se multiplique el bien común”. En definitiva, afirmó que es necesario que se multiplique “la justicia social, aquella que León XIV define como una forma concreta de seguimiento de Jesús y de fidelidad a su Evangelio”.
Aunque no es oficialmente el vocero del episcopado, su voz resuena en la sociedad, teniendo en cuenta su posición como arzobispo de la Capital Federal. Una de las principales preocupaciones de la jerarquía católica es la falta de diálogo entre los actores políticos y la dificultad para alcanzar acuerdos que den lugar a proyectos e iniciativas en pro del “bien común”. Lo que varios obispos expresan en privado, García Cuerva lo llevó a la sociedad desde San Cayetano. Así, refiriéndose a todos, aseguró que “estamos un poco paralíticos” cuando “perdemos las ganas de seguir adelante y buscar caminos de fraternidad y paz entre los argentinos”. Sin embargo, añadió que “estamos lisiados” porque “nos duelen las heridas del odio, de la descalificación constante y de la discriminación”, aludiendo a otra preocupación que afecta a la Iglesia Católica, a sus obispos y a gran parte de sus agentes pastorales, incluidos sacerdotes, religiosas y militantes laicos.
García Cuerva también mencionó la ceguera fundamentada en “prejuicios, nublada de ideologismos que hacen análisis teóricos que luego se estrellan con la realidad cotidiana que la gente sencilla conoce muy bien porque la padece todos los días”. De esta forma, el arzobispo hizo alusión a la desconexión entre la dirigencia, no solo política, y los sectores de base, un tema recurrente en los intercambios entre obispos y referentes de diferentes ámbitos. Este asunto, por ejemplo, fue evidente en una jornada organizada por la Pastoral Social, donde participaron dirigentes políticos, sindicalistas y de movimientos populares. Durante el evento, también surgió la preocupación por la “resignación” y, aunque García Cuerva no estuvo presente, muchos de los asistentes podrían sentirse representados por sus palabras al advertir que estamos “mudos” cuando “ya no gritamos lo que nos duele, cuando pasivamente y en silencio nos resignamos a que las cosas aumenten”, concretando en “el boleto de transporte público, las tarifas, los alquileres, los alimentos”. Lamentablemente, se silencia también “cuando no reclamamos pacíficamente que el sueldo no alcanza y no decimos nada ante hermanos que revuelven la basura para comer”, mientras se siente “atrapado por la bronca porque parece que el bienestar económico nunca va a llegar al ciudadano común”.
En cuanto al mensaje que León XIV podría llevar a la Argentina, García Cuerva hizo una mención “para ir preparándonos para tan linda visita”. Se refirió a cómo el papa Robert Prevost entiende “la realidad del trabajo”, al retomar expresiones “heredadas” de Francisco. Citó palabras del pontífice para afirmar que “el centro de cualquier dinámica laboral no debe situarse ni en el capital, ni en las leyes del mercado, ni en el lucro, sino en la persona, la familia y su bien, respecto a los cuales todo lo demás es funcional”. Reiteró su apoyo a la “doctrina social de la Iglesia”, afirmando que “en toda programación y planificación empresarial, para que los trabajadores sean reconocidos en su dignidad y reciban respuestas concretas a sus necesidades reales”. Así, también se anticipa que los discursos de León XIV en Argentina podrían abordar estos temas con el mismo énfasis, aunque con su estilo personal.









