La pregunta que surge es: ¿qué tan cerca está un acuerdo? La incertidumbre es palpable, dado que la realidad ha puesto en entredicho múltiples anuncios de la Casa Blanca respecto a estos avances. ¿Por qué habría de ser diferente esta vez? Es notable que, por primera vez desde el inicio del conflicto, ambos países coincidan en comunicar avances y expresar su intención de alcanzar un acuerdo que permitiría reabrir la navegación comercial por el estrecho de Ormuz. Este punto es crucial, ya que la economía global ya se enfrenta a problemas debido al aumento en los precios de la energía y los fertilizantes, además de una primera oleada inflacionaria. Si el bloqueo persiste, las alzas en los precios serán más severas, considerando que la demanda deberá reducirse en aproximadamente un 10% para acomodarse a la oferta limitada. Esto exacerbaría el choque inflacionario y provocaría una caída significativa en la actividad económica.
El contexto es inédito, ya que Irán ha hecho pública una versión de un supuesto borrador del memorándum relacionado con el acuerdo. Sin embargo, la Casa Blanca ha puesto en tela de juicio su veracidad, describiéndolo como una “completa fabricación”. Según medios iraníes, Teherán estaría dispuesto a restaurar la navegación por Ormuz en un mes, a cambio del levantamiento del bloqueo naval por parte de Estados Unidos y la retirada de fuerzas militares de áreas estratégicas.
El borrador estipula que Irán y Omán se encargarían de supervisar las rutas comerciales y el tránsito de buques por el estrecho. Una vez normalizada la situación en un período de 60 días, el acuerdo se elevaría a Naciones Unidas. Washington ha desmentido estos términos, aunque la apertura de Ormuz figura entre sus prioridades. Trump ha dejado claro que “el estrecho de Ormuz debe abrirse de inmediato”, subrayando que Estados Unidos no está dispuesto a renunciar al control. Además, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, rechaza cualquier propuesta de peaje en la zona marítima.
La proximidad del acuerdo sigue siendo un asunto sin resolver. Experiencias pasadas, como las de Bab el Mandeb, demuestran los peligros de acuerdos ineficaces, especialmente ante la amenaza constante que representan los hutíes. Omán ha sugerido un esquema similar al que se aplica en Turquía en el Bósforo, con tránsito libre pero con tarifas por servicios.
La profunda desconfianza entre las partes es un obstáculo significativo. No obstante, el mercado anticipa que se llegará a un acuerdo. Sin él, el mundo podría verse abocado a una crisis energética. A pesar de esto, el precio del petróleo Brent disminuyó un 11,9% la semana pasada, cerrando en 91,89 dólares, mientras que el WTI se ubicó en 87,76, alejándose de los picos alcanzados en marzo.
Las expectativas en los mercados financieros son claras: las tasas del Tesoro a 30 años cayeron tras superar el 5%, aunque la inflación persiste. La Reserva Federal de Atlanta predice un crecimiento del 3,8%, lo que mantiene la atención en los precios.
La Bolsa mantiene su optimismo y se muestra confiada en que el conflicto será controlado, con índices en alza impulsados por la inteligencia artificial y resultados corporativos robustos.
Es posible que la formalización del acuerdo se demore y que la reapertura de Ormuz implique un proceso prolongado. Las probabilidades de que la normalización se logre en junio son inferiores al 30%. Irán tiene el control del estrecho y no cederá sin obtener concesiones.
La inflación, que ya era un problema antes del conflicto, ha aumentado un 3,8% interanual en abril, superando la meta del 2%. La pregunta persiste: ¿será suficiente el acuerdo para evitar un aumento en las tasas? Aunque las expectativas han contribuido a reducir los rendimientos a largo plazo, la tasa a dos años se sitúa en un 4,01%, manteniendo la presión. “La inflación es elevada, y ya lo era antes de la guerra”, advirtió Anna Paulson. Por su parte, la Fed, ahora bajo la dirección de Kevin Warsh, adopta una postura de “ver y esperar”. Aunque no se anticipa un aumento de tasas para junio, podría considerarse eliminar el sesgo a la baja.
En el ámbito global, otros bancos centrales, como el BCE y el de Japón, podrían optar por aumentar las tasas. La Reserva Federal tiene plazo hasta julio. Sin embargo, este tiempo está condicionado, en última instancia, a que el acuerdo con Irán se concrete y a que la situación en Ormuz se normalice.









