Este fenómeno ha sido denominado “marcha atópica”, un término que describe un recorrido que algunos pacientes atraviesan desde que la dermatitis atópica aparece en la infancia y puede preceder a otras enfermedades alérgicas, como rinitis alérgica y asma. Este fue uno de los ejes centrales del encuentro InmunoXperience 2026, donde participan dermatólogos, alergólogos, neumólogos y otorrinolaringólogos de la región, con la Asociación Latinoamericana de Tórax (ALAT) como referente científico.
La importancia de esta convocatoria multidisciplinaria radica en la creciente comprensión de la marcha atópica. “La progresión de estas manifestaciones no es uniforme en todas las personas, pero reconocerla es clave para entender cómo las diferentes formas atópicas pueden surgir a lo largo de la vida. Esto refuerza la necesidad de identificarlas y abordarlas de manera temprana y holística”, señalaron en un documento distribuido durante el congreso.
Durante el evento, se compartió un hallazgo alentador: la marcha atópica puede ser prevenible. “El término ‘marcha atópica’ describe una secuencia que inicia en la primera infancia con dermatitis atópica y puede avanzar hacia alergias alimentarias, rinitis alérgica, asma y otras manifestaciones inflamatorias, todo ello como resultado de una trayectoria inmunológica”, indicó Helena Vidaurri, dermatóloga pediatra del Servicio de Pediatría del Hospital General de México ‘Dr. Eduardo Liceaga’.
Asimismo, Bethy Camargo Vargas, neumonóloga pediatra del Hospital Militar Central de Colombia, destacó que “el control temprano y sostenido de la enfermedad es un objetivo clínico fundamental. Actualmente se investiga la posibilidad de que una intervención temprana modifique la historia natural de la marcha atópica y prevenga la aparición de nuevas enfermedades alérgicas”.
“El planteamiento de que una intervención oportuna podría alterar el curso de toda una cascada alérgica se está convirtiendo en uno de los focos de investigación más prometedores para el abordaje de estas enfermedades, y redefine cómo médicos y familias deben enfrentar el primer diagnóstico: no como un evento aislado, sino como una ventana de oportunidad para salvaguardar la salud futura del paciente”, se indica en el documento.
La inflamación persistente ocasionada por el asma puede generar transformaciones permanentes en la estructura de las vías respiratorias, afectando así la capacidad respiratoria. Históricamente, estos cambios se consideraban irreversibles. Sin embargo, recientes evidencias sugieren que el uso de tratamientos biológicos diseñados para dirigirse a vías inflamatorias específicas podría mejorar la función pulmonar y revertir algunos daños estructurales, logrando resultados incluso superiores a los de tratamientos convencionales como los corticoides inhalados.
El actual desafío radica en precisar cómo estos tratamientos pueden prevenir daños si se administran en etapas tempranas y cuánto de lo ya comprometido puede recuperarse. “En casos de asma grave, los ensayos clínicos han demostrado disminuciones en exacerbaciones y hospitalizaciones, así como mejoras en la función pulmonar y el control de la enfermedad”, explica Gabriel García, director del Centro en Investigaciones Respiratorias de La Plata y vicepresidente de ALAT.
Además, la nueva generación de tratamientos tiene el potencial de disminuir la necesidad de corticoides sistémicos en pacientes con asma grave. “Esto es crucial, ya que la exposición recurrente o prolongada a corticoides sistémicos se ha relacionado con un mayor riesgo de efectos adversos agudos y crónicos, y tal riesgo se incrementa con la exposición acumulada”, advirtieron los expertos.









