El gobierno ha avanzado notablemente en estos dos frentes. El gasto público, que alcanzó el 42% del PBI bajo el kirchnerismo en 2015, se redujo al 36% en 2019, incrementó al 38% en 2023 y ha descendido actualmente a un 31%. Además, se ha logrado alcanzar el equilibrio fiscal por primera vez desde 2008. En lo que respecta a la apertura comercial, se han eliminado todas las licencias no automáticas de importación, se observa una tendencia hacia la unificación del tipo de cambio y el arancel promedio de importación ha disminuido del 12% al 9%.
En este marco de normalización macroeconómica, después de un crecimiento del 4,4% en 2025, parece probable que la economía continúe mostrando un rendimiento positivo durante el resto de 2026. Las tasas de interés reales, que alcanzaron un 40% en octubre de 2025 para la renovación de deuda en pesos, están ahora casi en cero. La inflación, que llegó al 3,4% mensual en marzo, muestra señales de desaceleración, con expectativas de que se sitúe alrededor del 2% en los próximos meses. Se espera que las exportaciones superen los 100.000 millones de dólares en este año, y con el riesgo país en torno a 500 puntos básicos, la inversión podría ampliarse cerca del 8% en 2026, según nuestras proyecciones.
Si se asume un buen rendimiento en marzo, alineado con los datos anticipados de industria y construcción, y considerando un crecimiento mensual moderado del 0% a partir de mayo, la economía podría crecer aproximadamente un 2,5% en el año, alcanzando un incremento interanual del 10% en diciembre, en comparación con el promedio del PBI de noviembre/diciembre de 2023.
De confirmarse este desempeño, la economía habría crecido a un ritmo del 3,1% anual entre 2024 y 2026. Un resultado así no se ha visto desde marzo de 2013, que marcó el fin del superciclo de commodities que fue financiado por el auge de la soja y el crecimiento de China e India entre 2004 y 2013, las cuales compensaron los desajustes macroeconómicos de los primeros años del kirchnerismo.
No obstante, a pesar de este panorama razonablemente optimista, el clima generado en los últimos meses deja claro que la normalización no es un proceso sencillo. Varios sectores de la producción y el empleo enfrentan una situación de crisis que no se refleja en las cifras generales. Más que considerar un enfrentamiento entre quienes ven el panorama global con optimismo y quienes sufren las transiciones de régimen, resulta útil comprender las raíces de esta dualidad. Aunque la economía crece, la normalización de precios regulados y la apertura a la competencia internacional presentan desafíos específicos para el sector privado.









