El consenso establece que, para impulsar una economía robusta que aproveche la estabilidad macroeconómica alcanzada en años recientes, es esencial un ciclo de inversiones sólido y sostenido en una amplia variedad de sectores, más allá de las cuatro “locomotoras” actuales: energía, minería, agroindustria y economía del conocimiento.
Así lo ha manifestado el ministro de Economía, Luis Caputo, en su discurso durante la recientemente celebrada AmCham Summit 2026, afirmando que “para que haya mayor empleo tiene que haber crecimiento sostenido, y no podés pretender crecer sostenidamente si no hay inversión”.
Caputo recordó que dentro del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) “ya hay presentados 35 proyectos por US$ 80.000 millones y 13 proyectos por US$ 28.000 millones están aprobados”. Sin embargo, también mostró una visión realista sobre las dificultades inherentes al proceso de inversión, reconociendo que “estamos atrayendo masivamente inversiones, pero tardan en llegar”.
Los analistas apuntan que la inversión se descompone en dos elementos fundamentales: la adquisición de maquinaria y equipos, y la construcción; aunque este último sector ha experimentado una notable desaceleración en los últimos dos años, debido a un marcado recorte en la obra pública nacional.
Respecto a la inversión en equipos y tecnología para producción, se evidencia una mezcla de resultados. En términos de sectores, se observa un considerable aumento en las inversiones en energía y minería, mientras que la industria manufacturera, la construcción y el comercio han mostrado una menor participación, representando a los ganadores y perdedores en el panorama económico vigente.
El último informe sobre la Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM), elaborado por Orlando Ferreres y Asociados, revela que la inversión dolarizada alcanzó en febrero de este año los US$ 6519 millones, lo que se traduce en un 17,3% del PIB, tras realizar las ajustes estacionales pertinentes. Este dato también indica una disminución de la inversión del 11,4% en términos interanuales al considerar el volumen físico, excluyendo el impacto de la inflación.
Lo alarmante es que el segundo mes del año “confirma una aceleración en la contracción de la inversión: después de una caída de 1,3% en diciembre y una reducción de 6,6% en enero, la bajada del 11,4% en febrero parece validar un enfriamiento en los niveles de inversión”, señala el análisis.
Argentina había alcanzado anteriormente niveles de inversión superiores al 20%, lo cual pone de manifiesto la actual pérdida de dinamismo. “Una inversión menor al 20% del PIB equivale a un crecimiento muy bajo de la economía”, concluyen los expertos.









