En otro contexto, el mundo del deporte se ve sacudido por un cambio de propietarios en uno de sus clubes más icónicos, los Angeles Lakers, que pasará por segunda vez en menos de un año a manos de un nuevo dueño. Mark Walter, quien adquirió la franquicia en octubre pasado por 10.000 millones de dólares, ha llegado a un acuerdo para venderla por 12.500 millones, posiblemente obligado a conseguir liquidez tras conocerse que el FBI investiga ciertos movimientos financieros sospechosos vinculados a sus empresas de seguros, que también tienen participación en el club inglés Chelsea.
Los potenciales nuevos propietarios son Josh Kushner, un capitalista de riesgo y hermano del yerno del expresidente Donald Trump, junto a Bob Iger, ex CEO de Disney. Ambos son socios de Thrive Capital, la firma que había acordado recientemente pagar 4200 millones de dólares a la FIFA por una participación del veinte por ciento en la explotación comercial de los mundiales. Sin embargo, la UEFA detuvo este acuerdo, poniendo a su presidente, Gianni Infantino, en una situación comprometida. La decisión de Kushner de mover su inversión hacia la NBA, tras sentirse rechazado por el fútbol, ha sido destacada por el periodista Lee Escobedo, quien advirtió que “la forma en que se gestó este acuerdo… debería aterrorizar a cualquiera que crea que el deporte pertenece a los aficionados”.
La inversión privada ha sido parte integral del negocio deportivo a lo largo de su historia. “Yo vendo un producto llamado fútbol”, solía afirmar Joao Havelange, expuesto presidente de la FIFA entre 1974 y 1998. Una perspectiva similar fue adoptada por Víctor Montagliani al considerar el traspaso de los derechos comerciales de la Federación de Canadá a un inversor, que posteriormente enfrentó críticas por falta de transparencia y personalismo. La federación canadiense salió a la superficie en medio de disputas judiciales por 40 millones de dólares, debido a problemas relacionados con la selección femenina, oro olímpico en Tokio 2020, mientras que la selección masculina optó por una huelga. Montagliani se defendió ante el Parlamento y el acuerdo que ayudó a establecer fue posteriormente cuestionado y reevaluado cuando él ya no estaba en la federación. Este mismo Montagliani suena en la actualidad como un firme candidato a suceder a Infantino en las elecciones programadas para el 18 de marzo en Rabat.
Paralelamente, la DFL, que respalda la regla del “50+1”, intentó en 2024 vender por dos décadas sus derechos comerciales a un inversor privado, CVC Capital Partners. Este movimiento provocó el temor entre los aficionados de que se daría un primer paso hacia la “privatización” del fútbol, lo que podría resultar en el encarecimiento de los boletos y un modelo similar al de la Premier League inglesa. En respuesta, los hinchas organizaron un “boicot pacífico” que incluyó lanzar monedas de chocolate y pelotas de tenis al campo, así como invadir con vehículos a control remoto con bengalas. La presión popular resultó en la cancelación del acuerdo. Estos hechos evocan las masivas protestas de aficionados ingleses en 2021 que llevaron a la cancelación del proyecto de Superliga europea, impulsado por clubes adinerados que también ven sus adquisiciones como meros activos financieros a precios inflados. La agrupación “Always Liverpool” cuestionó la llegada de Jeff Bezos, al calificarlo como un “gran acumulador de riqueza inconcebible”. Resaltaron: “Del ‘juego de la gente’ pasamos a ser una expresión grotesca del capitalismo tardío”.
Exactamente un mes ha pasado desde la final del Mundial, que Infantino otorgó a Trump. El fútbol, que alguna vez fue parte de diversas comunidades que creaban identidad y compartían alegría, se encuentra hoy en manos de magnates que deciden su futuro. El periodista Dave Zirin, indignado por la reciente transacción de los Lakers, instó a recordar que “estos equipos” (los Lakers, Liverpool, entre otros) “eran nuestros”. Llamó a los seguidores a mantenerse activos y resistir “ventas grotescas como esta”. Según Zirin, cuando los nuevos ricos se apoderan del deporte, están adquiriendo algo más que un simple activo: “Están comprando parte de nuestras vidas”.









