Este relato, aunque simple, refleja de manera clara el complejo problema monetario en Argentina. Para establecer una moneda viable y, por ende, un sistema financiero que facilite la conversión del ahorro en inversión, son necesarias tres condiciones fundamentales: remunerar el ahorro por encima de la inflación, honrar los contratos y mantener ambas prácticas durante un tiempo prolongado para que los argentinos puedan dejar de pensar en dólares.
Naturalmente, factores como la consistencia fiscal y la recuperación del acceso al crédito para refinanciar la deuda a plazos más largos, así como una disminución de la inflación, son cruciales para lograr una remonetización efectiva que ayude a restaurar las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y a expandir tanto el crédito interno como la actividad económica.
Sin embargo, el acceso al crédito se ve limitado por la falta de confianza a largo plazo. Más allá de los errores de cada administración y de las herencias acumuladas, esta ha sido la gran problemática en las dos últimas elecciones presidenciales. Alberto Fernández lo expresaba así tras las PASO de 2019: “La deuda de dólares de Macri es impagable”; en 2023, Juntos por el Cambio decía: “La bola de Leliqs es impagable”; y Javier Milei, ya como candidato tras ganar las PASO, aconsejaba una semana antes de las elecciones de octubre no renovar plazos fijos “porque el peso es excremento”.
En el presente, incluso si las encuestas comenzaran a alinearse y se disipara la incertidumbre que se refleja en una tasa forward del 13% implícita en los bonos en dólares emitidos localmente para 2027 y 2028, tampoco se cumpliría la primera condición. La tasa de interés que se ofrece para el ahorro en el país resulta muy desfavorable en comparación con la inflación, ya que los plazos fijos mayoristas están al 22,5% y los minoristas entre 17% y 19%, en un contexto donde la inflación de abril se redujo al 32% desde el 41% de marzo. Esta situación coexiste con tasas de interés activas que no se ajustan, especialmente en lo referido al crédito para consumo. El dólar sigue siendo la referencia, aunque actualmente su cotización se encuentra casi un 20% por encima de la banda superior.
Por otro lado, se observa una inflación medida en dólares que ha aumentado un 20% desde las elecciones de octubre del año anterior, lo que se ha visto acompañado de un incremento en la deuda en pesos, medida en dólares, acentuada por el efecto de carry y por la decisión de “esterilizar vía deuda del Tesoro” los pesos que emite el BCRA por la compra de dólares, actuando como un fenómeno opuesto al problema mencionado.
En este contexto, el Gobierno está intentando expandir el crédito para estimular la actividad económica, mientras el sistema financiero aún está tratando de absorber el aumento de la morosidad, provocado por la tensión monetaria generada en la etapa preelectoral.









