Mientras el Presidente Javier Milei concentra su atención en la macroeconomía y la política exterior, la Vicepresidenta Victoria Villarruel despliega una intensa agenda propia que genera recelos en el “triángulo de hierro” de la Casa Rosada. En las últimas 48 horas, Villarruel visitó unidades militares en Córdoba y mantuvo reuniones con sectores productivos del interior, mostrando un perfil más empático y nacionalista, alejado del dogmatismo libertario puro.
Su estrategia es clara: contener a la familia militar y a los sectores conservadores que se sienten desplazados por el pragmatismo del Gobierno. En sus discursos, evita la confrontación directa con el Presidente, pero marca matices sobre la soberanía, Malvinas y la relación con las Fuerzas Armadas. “Soy la garante de los valores fundacionales”, suele repetir en privado.
En Balcarce 50, Karina Milei sigue con lupa estos movimientos. Ven en Villarruel una potencial competidora interna o una figura que podría autonomizarse demasiado. Sin embargo, la necesitan: es la llave maestra del Senado, donde su capacidad de negociación con el peronismo federal ha sido clave para aprobar leyes.
La relación es de “paz armada”. Ambos se necesitan para gobernar, pero operan sobre bases electorales que, si bien se solapan, tienen identidades diferentes. El 2026 será el año donde se verá si esta sociedad política evoluciona hacia una fórmula conjunta nuevamente o si se produce una ruptura.









