Aunque la caída fue menos pronunciada en comparación con estudios anteriores —donde se reportaron descensos de hasta 9,4%—, la actividad suma más de dos años de resultados negativos, a excepción de una leve recuperación observada en el segundo bimestre de 2025.
El panorama empresarial continúa siendo mayoritariamente negativo: el 55% de las compañías señalaron una baja en sus ventas durante este período, en contraste con el 27% que vio incrementos y el 18% que reportó estabilidad en sus ventas.
El informe enfatiza que la debilidad del consumo sigue condicionando al sector. Ocho de cada diez empresas identifican la caída en la demanda como su principal obstáculo, una proporción que ha aumentado respecto al análisis anterior y que supera notablemente a otras problemáticas como el aumento de costos, la falta de financiación y las dificultades para acceder a insumos.
Este contexto también impacta en el clima de negocios, donde predominan términos como “incertidumbre”, “bajas ventas”, “reducción de la rentabilidad” y “preocupación” entre los empresarios. Algunas compañías han mencionado el cierre de establecimientos, mientras que otras intentan mantener su estructura operativa a pesar de márgenes más ajustados para evitar despidos.
Las proyecciones del sector tampoco sugieren un cambio significativo en el corto plazo. El 63% de las empresas espera que las ventas se mantengan constantes en los próximos tres meses, mientras que un 22% anticipa un posible deterioro adicional. Apenas el 16% proyecta una mejora, lo que representa poco más de una de cada seis firmas.
Respecto a la situación económica general, el 53% de las empresas prevé un entorno sin grandes alteraciones para 2026. Al mismo tiempo, una de cada cuatro empresas mantiene una perspectiva negativa sobre la evolución de la actividad en lo que resta del año.
A pesar del bajo nivel de ventas, el informe ha identificado ciertos avances en otros indicadores operativos. Los niveles de stock han empezado a equilibrarse, con un 51% de las empresas afirmando que mantienen inventarios adecuados, mientras que disminuyó el porcentaje de firmas con exceso de mercadería.
También se ha observado una reducción en la tensión de la cadena de pagos, con un aumento en las empresas que no reportan atrasos significativos y una disminución de los incumplimientos, aunque han vuelto a registrarse casos de interrupciones en los pagos, lo que indica que aún existen focos de estrés financiero.
Uno de los desafíos más significativos sigue siendo la rentabilidad. El 55% de las empresas indicó que no pudo trasladar a precios los aumentos de costos durante el período. Un 33% logró absorber solo parcialmente esos incrementos y únicamente una de cada diez compañías pudo trasladar más de la mitad de sus costos a los precios.
Estas condiciones continúan presionando los márgenes de un sector que enfrenta tanto un consumo débil como una competencia creciente.
Finalmente, el estudio reveló que los despidos se han vuelto más frecuentes entre las decisiones de personal adoptadas por las empresas, representando el 27% de las medidas tomadas durante el bimestre, siete puntos más que en la encuesta previa. Sin embargo, también se incrementó el número de compañías que optaron por mantener su plantilla sin cambios, lo que demuestra una mayor cautela mientras esperan una recuperación que, hasta ahora, no se materializa.









