El juicio por la verdad realizado en los tribunales de San Martín determinó que dichos actos constituyen crímenes de lesa humanidad, afirmando que el Estado tuvo un papel en la planificación, ejecución y encubrimiento del asesinato de doce militantes peronistas. En los exteriores del tribunal, las imágenes de los descendientes de las víctimas, sosteniendo fotografías en blanco y negro de Carlos Lizaso, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brion y Vicente Rodríguez, quedarán grabadas en la memoria histórica.
La jueza Alicia Vence declaró que, basado en las pruebas y los debates del juicio, tanto el entonces presidente Pedro Eugenio Aramburu como otros actores a su cargo, incluidos varios jefes policiales (hoy todos fallecidos), fueron hallados responsables de cinco homicidios agravados y siete intentos de homicidio, que habrían merecido una pena de prisión perpetua.
Los intentos de homicidio se refieren a los siete hombres que lograron sobrevivir del grupo de doce detenidos. Estas personas habían sido secuestradas la noche del 9 de junio en una vivienda en Florida. Fueron llevados a una comisaría hasta que ordenaron su ejecución en un descampado. En medio de los disparos resonando en la oscuridad, algunos se enfrentaron a sus captores y lograron escapar, resguardándose en la noche.
Livraga, quien recibió tres disparos, fue declarado muerto. Sin embargo, al amanecer pidió ayuda y fue llevado a un hospital, desde donde posteriormente fue detenido. Seis meses después del suceso, Walsh oyó hablar de ‘un fusilado que vive’ y decidió investigar y relatar la historia. Livraga, el único sobreviviente (actualmente con 96 años), pudo por fin escuchar el cierre a una búsqueda de justicia que ha durado setenta años. A las familias de los asesinados se les entregaron los cuerpos, aunque se les prohibió despedirlos públicamente al ser considerados ‘traidores a la patria’.
Durante su alegato final, el querellante Alberto Palacio se refirió a ‘memorias que sobrevivieron a setenta años de silencio impuesto’. ‘El duelo era puertas adentro -dijo-; puertas afuera, era duelo bajo sospecha. No podían pronunciar el nombre de sus padres en voz alta; aprendieron a callar desde la infancia. Hace 70 años se les niega la verdad reconocida por la justicia’. En el futuro, una placa conmemorativa marcará el sitio donde fueron llevados y otro el lugar que fue testigo de los fusilamientos. Mientras tanto, ‘Operación Masacre’ continúa siendo parte de la curricula en las escuelas de periodismo.









